2007/08/11 | By: Amparo

El señor Navarro


Detrás de cada imagen que guardo en el viejo álbum de fotos hay una historia o una anécdota, unas pequeñas fotos tomadas en Vigo me trasportan hasta una persona a la que quise platónicamente.

Entre los cariños especiales que conservo en mi baúl de recuerdos esta el Señor Navarro. El era la fealdad personificada, caminaba como encorvado, llevaba unas grandes gafas con un cristal tan grueso que solo dejaba ver unos diminutos ojillos, pero lo que mas atraía la atención al verlo eran sus dientes, nunca antes vi dientes tan deformes y tan horrendos. A fuerza de llamarlo por el apellido he olvidado su nombre, era un nombre raro, quizás por eso no lo recuerdo.

Trabajamos en la misma empresa, el estaba en sección de corte y yo en plancha, digamos que el era una especie de persona adulta y cualificada y yo una aprendiza que apenas contaba 15 años. Me trataba bien, siempre tenia una gran sonrisa que dejaba ver sus horribles dientes.

Después de un par de años en los que puedo decir que se convirtió en un ídolo para mi se marcho de la empresa, lo eché de menos aunque pronto quedo reducido a un leve recuerdo. Después de un tiempo también yo cambie de empresa. Un día a la salida del trabajo sentí que alguien me empujaba, al volver la cara para recriminar al individuo aquella forma de caminar atropelladamente la gran sonrisa los deformes dientes y los pequeños ojuelos del señor Navarro estaban allí, delante de mí.
No era casual el encuentro, se había preocupado de averiguar donde trabajaba para a hablar conmigo, me contó que estaba en una nueva empresa en la que ejercía como jefe de personal y pretendía que yo me fuese a trabajar allí, me sorprendió, pero acepte

Así trabaje en los años siguientes al lado de los mejores compañeros que nunca he tenido. Un día el jefe de la empresa nos propuso un viaja a su tierra, Vigo, allí poseía otra fabrica y además de invitarnos a visitarla nos proporcionaba el placer de una semana de vacaciones.

Me costo convencer a mis padres de que me dejasen ir a un viaje con una persona a la que no conocían, al final accedieron ya que el mismo Navarro vino a hablar con ellos y les dijo que su esposa también nos acompañaría. Al viaje también se unía una de las mejores compañeras que he tenido, Nandi.

Fue la primera vez en mi vida que hice un viaje en avión, la primera vez que volé sin el amparo de mi madre.
Describir como fue la visita a esta preciosa tierra para aquel que la ha visitado es imaginable, lo increíble, lo hermoso, lo que mas recuerdo no solamente del viaje, de aquellos años, es la belleza interna de esta persona, era culto educado y tremendamente humano, puedo decir orgullosamente que me enseño a caminar por la vida con una sonrisa y me demostró que la amistad es algo que se cultiva con cariño desinteresado

Deje de verlo años mas tarde, después de que me case y mi vida tomo otro rumbo, he tratado de seguir su rastro alguna vez pero es como si la tierra se lo hubiese tragado.


Al final he recordado su nombre…Idelgar Navarro

3 comentarios:

ybris dijo...

Da gusto recordar cuando los recuerdos son agradables.
Es un buen modo de pagar la deuda que día a día vamos contrayendo con aquellos que nos fueron dejando huella.
Ya he leído todo lo que has escrito y que tenía retrasado.
Me alegra verte tan activa.

Muchos besos

Bichito de luz dijo...

Me encanta como describes tus vivencias. Es muy valioso destacar los valores representados por las personas y como influyen en nuestras vidas

Un abrazote

Bicho

Fernando Sarría dijo...

Lastima de la vida...siempre en sus recuerdos hay unas gotas de sal..a veces hay un llanto interior...besos