2011/04/29 | By: Amparo

Carpe diem. Lo escribí en el 2009

Manuel llega cansado, tira mano al bolsillo del pantalón para extraer la llave de su casa, siente un gran peso, la llave es pesada, tremendamente pesada a pesar del pequeño tamaño y el material leve con el que está forjada. Da una mirada al pequeño objeto, se le antoja que lo que su mano sostiene es una enorme llave de hierro de aquellas que colgaban en un clavo detrás de la puerta de la casa de sus abuelos allá en el pueblo, aquel pequeño pueblo donde pasó algunos de los veranos de su infancia.

Una vez dentro de la casa se deja caer con desgana en el sillón, cierra los ojos y al poco se duerme.

- Mamá, ¿por que el abuelo no tiene tele?- pregunta Manolito

- En el pueblo solo la gente rica tiene tele, alguna vez hemos querido comprarle una pero se niega, dice que no le gustan esos artilugios.

- Pero… se aburrirá por las noches

- Al abuelo le gusta leer, para él un libro es como una tele donde las imágenes las inventa el mismo.

- Ah- continúa Manolito - ¿y por qué vive solo en esa casa tan grande?

- Cuando murió su esposa, tu abuela, quisimos que viniese a vivir con nosotros, dijo que no, que es feliz aquí, en el lugar donde nació y sucedieron las cosas más importantes de su vida. Aquí visita a su Claudia cada día y si se marchase ella se quedaría sola.

- Pero… si está muerta.

- Hijo, para el abuelo nunca estará muerta, y anda, cállate un rato y deja de hacer preguntas.

- Jolin, es que me aburro.

- Ya has oído a tu madre, cierra los ojos y duérmete un rato si te aburres, aun falta mucho para llegar-

- ¡Vale..¡

Manuel abre los ojos, no sabe muy bien si ha tenido un sueño o simplemente ha sido un recuerdo encadenado el que ha tenido antes, al entrar en casa.

Se levanta y del estante del armario toma una vieja caja de zapatos, vuelve a sentase y rebusca entre las fotos. Allí está, sentado en el banco de piedra que hay junto a la entrada de la casa, ahora no le parece tan viejo como cuando lo miraba de niño, posiblemente tuviese la misma edad que él tiene ahora. La boina sobre su cabeza, el libro a su lado, a sus pies Lázaro.

- ¡Lázaro! Ven, acompáñame a la charca a ver si cazamos algunas ranas

Manuel sonríe, le parece estar viendo la imagen

- Ten cuidado muchacho, algunas orillas son fangosas, ve solo por el lado de la derecha del camino, déjate guiar por Lázaro, a ver si cazas suficientes para la cena. Y tú, permanece callado y no ladres, que las asustaras.

El sabía al hacerle aquellas recomendaciones que lo único que traería de la charca sería la ropa mojada y después la regañina de su madre.

- ¿No ha habido suerte?

- No

- Bueno, no te preocupes, tu madre ya tiene la cena lista y maldita la falta que nos hacen las ranas. Anda, cámbiate de ropa antes de que te vea

Continúa buscando alguna de las viejas fotos de aquella lejana época, no puede evitar detenerse en una más reciente. Recuerda perfectamente el día que fue tomada por él mismo.

- Abuelo, he venido a presentarte a mi novia

- Manuel me ha hablado tanto de usted, es como si le conociese, lo mismo me ocurre con este lugar, creo que he correteado por aquí cuando era niña.

- Ven, siéntate a mi lado y deja que te mire, eres preciosa, ¡ay lebrel! Que bien has sabido donde ponías el ojo, os deseo tanta felicidad como la que yo tuve con mi Claudia.

- Gracias abuelo, vamos a dar un paseo por la orilla de la charca, quiero explicarle como pescaba aquellas ranas que después nos comíamos los dos en la cena.

- Jajaja, si anda, cuéntaselo, mientras prepare algo de comer para cuando regreséis.

- Esperar un segundo, voy a tomar una foto, no os mováis.

Los ojos de Manuel se humedecen, fue la última vez que vio con vida al abuelo.

Hacía un año que se habían casado y un día sonó el teléfono.

- Manuel, hijo, el abuelo ha muerto

- ¿Me has oído? ¿Por qué no contestas?

¿Contestar? ¿Cómo podía contestar si en la garganta se le había hecho un nudo que le impedía articular palabra?, cómo decirle a su madre - ¿qué pasará de ahora en adelante con mis veranos? ¿Quién me contará ahora en las largas tardes de agosto los mil viajes, las historias de amor y desamor leídas en sus libros o las pericias reales de aquellos valientes guerrilleros que se escondieron en las montañas cercanas y a los que tantas veces él mismo prestó ayuda?

Sacó fuerza y articuló con voz ronca.

- ¿Cómo ha sucedido?

- Hijo, es ley de vida, el abuelo ha muerto de viejo, ningún mal le aquejaba

- ¿Cuándo sales para el pueblo?

- Mañana, tu padre no puede venir, ya sabes que está delicado y no le conviene

- Saldremos temprano, el viaje es largo, paso a por ti a las 5 de la mañana

- No es necesario que vengas, he hablado con el cura y todo está ya resuelto

- Madre, paso a por ti, no olvides que es mi abuelo y necesito despedirme de él

Caía el orvalló, era octubre y ya se notaba la llegada del frío.

- Cuando muera me reuniré con mi Claudia, ella era creyente y aunque no muy religiosa creía en la otra vida, cuando la vida estaba a punto de escapársele me dijo: - No llores, mantente firme hasta que Dios quiera traerte a mi lado, entonces pasearemos juntos por nuestros prados, por siempre. - A mi la vida me ha mostrado que dioses son todas aquellas personas que hacen el bien sin pedir nada, aquellas que nos enseñan el buen camino y los valores que la vida tiene, quiero estar cerca de ella porque ella es mi diosa

A Claudia le gustaban los poetas, los clásicos.

- Fíjate Manuel, que belleza en la expresión de estos versos de Garcilaso de la Vega-

Soneto XXIII
 
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
 
Y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
 
Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;
 
Marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

-¿Entiendes Manuel? El poeta dice que vivamos cada momento como si fuese el último de nuestra vida, que no malgastemos el tiempo.

Después del funeral cerraron la casa, Manuel dio una última mirada y le pareció volver a ver al abuelo sentado en el banco de la entrada con su boina, su libro y Lázaro a sus pies, pero en esta ocasión alzaba el brazo en señal de despedida.

Manuel cierra la caja de zapatos, no la guarda, la deja encima de la pequeña mesa que tiene al lado.

- Manuel, cariño, ha llamado tu madre, está en el hospital, tu padre ha tenido una recaída. Yo voy para allá para que no esté sola, acude lo más pronto que te sea posible.

Solo habían pasado unos meses desde la muerte de su abuelo, los recuerdos de su padre son tenues, no dejaron grandes huellas en su vida, era un hombre sencillo y trabajador, hablaba poco, decía su madre que la débil salud le amargo la vida

Isabel quiso que su madre fuese a vivir con ellos.

- No podemos dejarla sola, solo nos tiene a nosotros, se sentirá útil ayudándonos cuando tengamos hijos.

- Siendo tu la que lo propones yo no puedo negarme, sabes lo mucho que nos quiere, no me gustaría verla sola.

Son tiempos felices, Manuel pensaba a menudo en las palabras del abuelo y les decía a las dos mujeres.

- vivamos el momento, disfrutemos de lo que la vida pone a nuestra disposición.

El pueblo queda lejano, ya no van a pasar los veranos, ahora tienen un apartamento en la playa y amigos con los que comparten las noches calurosas de verano en el mediterráneo.

- Manuel, cariño, tengo un retraso, es posible que esté embarazada.

- Ven, vamos a decírselo a mi madre, verás que contenta se pone.

- No seas tonto, espera a que nos aseguremos.

- Que más da, démosle una alegría, a veces está tan triste…

- Mamá, tenemos algo que decirte.

- Isabel cree que está embarazada, vas a ser abuela.

unos meses después

-vamos mamá, date prisa, llegaremos tarde a la consulta del ginecólogo

-Ya voy, ya voy. Estoy más nerviosa que cuando estaba esperándote a ti.

Los latidos del corazón eran perfectos, todo estaba bajo control, solo faltaba un mes de gestación.

Manuel busca algo para beber, apenas quedan unos dedos en la botella, da un trago de güisqui, un llanto ahogado y doloroso se escapa de sus entrañas.

- ¿Cómo te encuentras Manuel?

No comprende nada, ¿Qué hace en esa cama?, ¿quién es ese hombre vestido de verde que le pregunta por su estado?.

Poco a poco las cosas se van colocando en cada rincón de su mente. Se dirigían a casa felices…

-Si es niña se llamará como la abuela, Claudia, si es niño Isabel decide.

-¡¡¡Cuidado Manuel!!!-

Se aferra a la mano del doctor.

-¿Dónde esta mi esposa? ¿Y mi madre?

Manuel vuelve a la realidad, ante sus ojos aparece la imagen de aquel día en que todo era perfecto exceptuando aquel loco que los embistió brutalmente al saltarse un stop e impactar en la parte derecha del vehiculo, las dos mujeres habían quedado atrapadas en el amasijo de hierros, inertes, sin vida.

De la garganta de Manuel estalla un grito de impotencia y rabia, la vida que hasta hacia poco había sido generoso con el concediéndole felicidad le arrebato de un zarpazo todo lo que mas quería.

Con un gesto de desgana, queriendo evadirse de la realidad pulsa el interruptor de la televisión, después de una serie de anuncios que le pasan inadvertidos comienzan las noticias.

- Buenas noches, damos comienzo con las noticias más destacadas de hoy.

- La crisis que asola al mundo aumenta el índice de desempleados… en nuestro país ya son cuatro millones y medio de parados y las cifras tienden a aumentar… la banca sufre el mayor desplome conocido en la historia… el gobierno no sabe como enfrentarse a los hechos, la alternancia política no encuentra solución al problema, estudiantes y trabajadores se manifiestan en todo el país entre grandes medidas represivas por parte de la policía… son cuantiosos los daños y decenas los heridos… hace unas horas tres jóvenes caían abatidos por las balas de la policía antidisturbios…

Desconecta el aparato, apura el güisqui de la botella y se tiende sobre la cama

Se despierta temprano, ha comenzado a amanecer y los primeros rayos de sol empiezan a despuntar en el horizonte.

Toma una maleta del armario y la llena de ropa, en una bolsa coloca algunas de sus pertenecías y la caja de zapatos con las fotos, baja las escaleras y le entrega la llave al portero.

No le queda nada, ni familia, ni casa, ni siquiera tiene trabajo, dinero el justo para emprender el camino.

Llega a su destino, se sienta en el banco de piedra que hay a la entrada de la casa de su abuelo y piensa…

Voy a vivir los momentos abuelo, los mismos que viviste tu, momentos de soledad.