2009/07/20 | By: Amparo

Caminando




Los días van pasando, el tiempo no detiene su carrera y nos vamos adaptando a los cambios que la vida nos exige.

2009/07/05 | By: Amparo

La cultura

Hoy Alfons Cervera en su columna del Levante habla de la cultura, del mal ejemplo que imparten las instituciones haciendo un mal uso de ella. Mientras leía, he recordado una vez más a mi padre. Hijo de una familia burguesa católica y apostólica hasta los huesos, desertó de ellos siendo muy joven cambiando el rumbo de su vida, mi memoria guarda muchas facetas de él, pero sobre todo retiene aquellas frases que aplicaba para cada enseñanza.

Los domingos por la mañana, sentado en la puerta de casa si hacía buen tiempo o al lado de la estufa en los de frío invierno, solía leer el periódico, afición que siempre ha perdurado en las tres ramas que dejó en la vida, también ocupaba el ocio del único día que tenía descanso leyendo alguna novela de aquellos legendarios, Emilio Salgari, Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane…

Dice Alfons Cervera que la cultura no le importa a casi nadie, mi padre decía que la educación y la cultura no están reñidas con la pobreza, es por eso que lo he recordado al leer la columna del escritor, aunque la cultura esté encerrada bajo llave y no cuente con autorización para ser abierta y repartida a todos por igual, siempre, en algún sencillo rincón hallaremos alguien que aunque no disponga de libros o medios para leer a los clásicos rebuscará en el fondo de su bolsillo hasta encontrar algún céntimo que le permita acceder a la cultura de los pobres, y estoy segura que de haberlo conocido, Cervera, escribiría una columna para él, porque fue un hombre sencillo que no dejó orlas colgadas en las paredes del comedor, pero si dejó aquellas cuatro novelas que cambiaba cada domingo por la mañana en el quiosco de Domingo y por mucho que se empeñen estos dictadorzuelos de silenciarla o ridiculizarla en cualquier rincón del mundo, igual que crece la hierba… brota la cultura
2009/07/03 | By: Amparo

Cielos de algodon



Al amanecer se extendió una alfombra de algodón en el cielo para acoger suavemente a Andreu