2007/02/25 | By: Amparo

l.s.



(Para MM, este verso de José Martí)

Cultivo una rosa blanca

en junio como enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

2007/02/18 | By: Amparo

El tiempo…el maldito tiempo que nos arrebata parte de la vida que dejamos sin vivir…

Esta foto es para ti Fernando, no se si te sonara el lugar ni el tiempo…pero es Zaragoza
2007/02/16 | By: Amparo

¡¡¡que no es mi muertooo!!

¡ Este muerto no es mi muerto, repetía la Basi una y otra vez. Se lo dijo a la policía, a la guardia civil y después al SAMUR y parecía que nadie la escuchaba. Todos se habían empeñado en echarle a ella el muerto.




Ayer paso por el taller la Basi, hace un tiempo fue compañera de trabajo y ahora de vez en cuando pasa a hacernos alguna visita, nos pone al día con alguna anecdotilla de las que ocurren en el pueblo.

Después de preguntarnos mutuamente por ambas familias y averiguar como siempre que tenemos los hijos y nietos más guapos más listos y lo mejor de lo mejor pasamos a los cotilleos.

El otro día me encontre a Mª Ángeles, esta en la “pera” como siempre-.

Seguro que te dijo que esta otra vez depre.

No, apenas hable con ella, ¿Qué le pasa?

¡Anda! No me digas que no te has enterado de lo del padre- pone ojos de asombro, no es normal que no sepa lo del padre.

Pues no, no se nada.

¡joder Amparo! Si se murió aquí en tu misma puerta. Vinieron dos ambulancias de SAMU la guardia civil y la policía….y todos se empeñaban en…¡¡ CARGARME EL MUERTO!!


¿pero que paso, se cayó?

no, fue muerte natural, vinieron del centro medico y lo reconocieron, la policía vino a buscarme para ver si podían localizar a las hijas, una estaba trabajando y la otro dijo que no venia, que no quería ver a su padre muerto en el suelo. Desde ese momento parece que dieron por sentado que yo era el familiar mas cercano y me quisieron colocar al muerto, al reconocer el cadáver vieron que en la mano llevaba 900€,

tenga señora, coja usted este dinero que tenia en la mano su pariente.

¿que coño? ¡¡que no es mi muerto!!Que yo no me hago responsable de ningún dinero, este señor no es nada mío. Pero bueno si me lo da yo me lo quedo, me lo quedo y me lo gasto…al final se lo quedaron ellos.…pero llego otro problema, los médicos certificaron que la defunción había sido natural y que no era necesario llevarlo al Anatómico Forense, extendieron el certificado y uno de los médicos me dijo…

tenga señora, aquí tiene el certificado ahora que la ambulancia lo traslade a su casa y ya llama usted a la funeraria para que hagan lo conveniente.

¡ ¡coño!! ¡¡que no es mi muerto, que soy la vecina.!!

pues aquí no se puede quedar.

por supuesto que aquí no se puede quedar, ¿señora, que piensa hacer?

pero…¿ como les vuelvo a explicar que este señor no es nada mió?¡¡¡que no es mi muerto!!!
¿no?

miren…el siempre se deja la puerta abierta, lo llevan a su casa y lo dejan allí hasta que lleguen las hijas.

(Al hilo de la explicación de que siempre se deja la puerta abierta nos cuenta la Basi…)

Hace unas semanas de buena mañana la Ignacia me toco el timbre para decirme que tenia la puerta de par en par, le dije que era normal, que lo hacia con frecuencia, por si acaso le dimos una voz desde la puerta, no contestaba, la Ignacia se empeño en que entrásemos por si le había pasado algo…puaagggg casi nos morimos del tufo…ya nos íbamos cuando oímos unos golpes, entramos en una de las habitaciones y allí estaba debajo de una escalera de mano y enrunado en botellas de agua vacías, estaba desnudo y tenia mierda hasta en las orejas, llame a los servicios sociales, lo lavaron y le limpiaron la casa, al parecer tenia síndrome de Diógenes.
Siempre ha sido un tío animal, un burro que maltrato a la mujer y que lo único que ha conseguido siendo así es quedarse solo sin que nadie lo quiera…aunque en el fondo me daba pena

Retoma el hilo del día de autos…

Pues nada, me dicen que suba ala ambulancia…¿Qué? Ni de coña, que cojones me voy a subir a la ambulancia, ni que fuese mi muerto.


Al final los del SAMU, la policía y to bicho viviente no se si entendieron que ese señor no era mi muerto…lo cierto es que intentaron cargarme el muerto….
2007/02/13 | By: Amparo

villas de emergencia

La música del video y las “villas de emergencia” me han recordado esto que escribí hace tiempo.

Sentada ante la ventana
Beatriz permanece sentada ante la ventana, apoya sus manos en el rostro y su mirada se pierde, esta perdida, como naufrago a la deriva de tormentoso océano que no sabe en que playa la dejara varada.
Piensa en su vida… piensa en aquel viaje a Buenos Aires hace dos años, venia con un plan ambicioso, la experiencia en aquella empresa de publicidad abriría nuevos campos a su futuro como diseñadora de spots.
La llegada al lugar donde permanecería durante un tiempo ampliando sus conocimientos fue algo que siempre permanecerá en su recuerdo, el director de la empresa la recibió y le presento al que tenia que ser su compañero de equipo
-Beatriz, le presento a Fernando- la mirada sostenida, el apretón de manos que se prolongo más de lo habitual, el estremecimiento que recorrió sus cuerpos, fue el principio de una buena sintonía.
La relación de compañeros se convirtió pronto en algo mas, el se ofreció para hacer de guía y mostrarle la ciudad
-Pebeta mía, papa papusa- Le dijo en lunfardo porteño, fue el comienzo de compartir, trabajo, vida, amor, enseñanzas mutuas. Amaba su país, se sentía orgulloso de ser porteño y sus costumbres se convirtieron en las suyas.
– mi muñequita linda, pebeta gallega quedaos, no arrugues cuando desde un corazón porteño asaltan tu independencia y libertad, lindo todo lo tuyo, hasta las ganas de discutirle y pelearle-
Le contesto - me quedo, te amo, deseo con todas mis fuerzas compartir contigo lo que el destino nos depare, hablare con mis padres, mi madre me entenderá, es mujer independiente y dueña de ella misma, me enseño a desafiar y ser valiente con los retos que la vida nos pone delante-
Le enseño lo bueno, el tango, el lunfardo, el dulce de leche y la acostumbro al mate, pero también le mostró la cara triste de aquella Argentina que esta prisionera de las desdichas políticas y económicas.

Su recuerdo se centra en apenas unas horas antes, paseaban por las calles de Buenos Aires y el mundo les pertenecía, de pronto…

Gente… hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, sirenas, policía por todas partes y de repente sin saber como ni de que manera su cuerpo cayendo inerte sobre el asfalto, una bala había impactado en la cabeza de Fernando, desconcierto, golpes, sangre, sus manos llenas de sangre, de su sangre... Todo fue tan rápido, tan horrendo y tan inexplicable…
Una lágrima asoma a sus ojos, vuelve la cabeza y lo mira, ya nunca le oirá decir… pebeta mía, papa papusa…se acerca a su lecho de muerte, cogiendo su mano y acariciando su rostro recita la letra de un tango…
Chau, no va más!... Es la ley de la vida devenir, ¡Chau, no va más!... Ya gastamos las balas y el fusil. Me enseño como tiembla la piel cuando nace el amor, y otra vez lo aprendí; pero nadie vivió sin matar…
Sin cortar una flor…
2007/02/10 | By: Amparo












años de revolución, de lucha por el cambio.

Mi niñez se reduce a cuatro fotos y algunos recuerdos, los años posteriores fueron intensos… mis luchas y las luchas.

Me levantaba con el alba, mi misión consistía en tomar un tren que me trasportaba a la fabrica de camisas donde trabaja y que quedaba justo en la parte opuesta de donde vivo, cruzar Valencia de parte a parte.

La década de los sesenta avanzaba, en casa, mis hermanos empezaban a hablar con mi padre de movimientos sociales y de revueltas estudiantiles, mi madre tenía miedo y yo escuchaba,

Joan Manuel Serrat cantaba sus primeras canciones, me olvide un poco de Elvis y los Beatles para centrarme en la música protesta o de autor.
Las mañanas eran frías y en los vagones de aquellos desvencijados trenes viajábamos como borregos conducidos al redil, al apearnos y de vez en cuando aparecía un muchacho que como un rayo sembraba el anden de octavillas y desaparecía entre las vías.

Aquellos panfletos eran algo que yo cada día esperaba… me agachaba, cogía uno, lo leía con avidez, preguntándome quién podría ser ese muchacho y como se podría contactar con él… otra gente, la mayoría, ni siquiera se agachaba a coger los papeles, y el que se atrevía lo escondía inmediatamente, para que nadie lo viese. Se sentía… se palpaba el miedo a un simple papel.

Hay algunos recuerdos que se dilatan en el tiempo, pero si recuerdo perfectamente mi primera manifestación clandestina.

Era el 1º de Mayo de 1.967… fiesta grande de los trabajadores y disfrazada con el nombre de San José Artesano… la calle La Paz era el sitio en que nos habían dicho que se daría un salto… ni siquiera una manifestación… por la calle se podían ver a personas que deducimos eran policías de paisano… Llegamos a oír la conversación de dos de ellos que fueron tras un muchacho porque ¡llevaba los calcetines rojos! Lo detuvieron y se lo llevaron en una furgoneta de la policía nacional… los antidisturbios.

No fue posible realizar el más mínimo gesto de protesta en aquella calle. Entramos en una cafetería a tomar un café… éramos muchos los que optamos por esto al ver que no era posible manifestarse… Entraron unas personas que dijeron ser policías y nos desalojaron a empujones.

A pesar de estas anécdotas y de otras muchas que continuare contando, mi vida no era triste…que nadie piense eso…he sido, continuo siendo extrovertida, me rió y se sacar lo positivo de la vida.

…y por supuesto, también fueron… tiempos de amor






2007/02/09 | By: Amparo

encriptada


Entre polvos de algodón...

Aguijones penetran en los tejidos.
2007/02/08 | By: Amparo

Mi casa

Era una casa fea, una casa humilde. Una gran cocina y un gran dormitorio eran todos los recintos que la casa tenía.

En el centro de la cocina una estufa en la que ardía el carbón que calentaba los fríos inviernos y donde se guisaban los más humildes pero sabrosos guisos. El tubo que expulsaba el humo fuera de la casa estaba siempre brillante, unos polvos mágicos que mi madre restregaba con un trapo le dejaban un aspecto plateado. Alrededor de ella nos sentábamos todos los críos del barrio y ella nos freía patatas, las pelaba con suma paciencia las cortaba en rodajas muy finas y las depositaba sobre el aceite caliente en pequeñas capas, las comíamos calientes saladas y con hambre. Nunca más en mi vida comí papas como aquellas. No se si la magia eran las manos de mi madre, la de aquella estufa o el hambre.

A la luz de una triste bombilla las noches se hacían largas, la parte de delante de la estufa se ponía roja, un corro de manos se acercaban para sentir su calor.

Mi madre contaba siempre las mismas historias, al calor de la lumbre. Historias de la guerra. Hablaba para ella misma y había tristeza en sus ojos…

Cuando nos evacuaron de nuestra casa apenas tuvimos tiempo para meter nada en nuestras maletas que ni siquiera eran maletas, si no un atadillo con cuatros cosas. Allí se quedo mi ajuar todo bordado a mano…por estas manos…¿quien lo estará disfrutando?
Un camión nos sacó de la ciudad y cuando habíamos recorrido un corto camino en medio de aquel terrible frió, uno de los laterales del vehículo se abrió y caímos a la carretera; el camión paró y de nuevo nos acomodamos en su caja. Nadie se quejaba ni lanzaba la mas mínima lamentación, yo me mordía los puños , el dolor era ya insoportable, un gran agujero en mi muslo izquierdo me estaba haciendo rabiar, la sangre se veía a través de mi abrigo, vuestra abuela le gritó al chofer que parase. El camión se detuvo en un pueblo para que recibiésemos ayuda, fuimos a un refugio repleto de gente y de soldados que más que soldados, parecían cadáveres vivientes. Vendaron mi herida y la de alguno más y emprendimos de nuevo camino hacia quien sabe que destino. En la siguiente parada encontramos gente conocida, gente de nuestra ciudad; un anciano me dijo:…mira tus piernas…están llenas de piojos…,me quite las medias y él me proporcionó agua para que me lavase. Nos dieron de comer una sopa que sin saber de que era me supo buenísima, al menos estaba caliente.
Al término del viaje en camión teníamos que coger un tren que nos trasladaría a otra ciudad, vuestra abuela se negó a continuar aquel calvario y nos quedamos en aquel lugar, un lugar que nos acogió y nos ayudó a salir adelante, no sin miles de calamidades…
Ojalá nunca tengáis que pasar una guerra ni pasar hambre…

Como si despertase de sus recuerdos nos decía…¡Ale! a la cama, el carbón se ha agotado y ya hasta mañana no hay más.

El rojo candente de la estufa ya se había apagado.

El dormitorio era una gran habitación, una gran cama de hierro con un mullido colchón de lana era donde dormían mis padres, a la derecha en otra de mediano tamaño, mis hermanos y en un rincón, casi desapercibida, estaba mi pequeña cama; pequeña me sentía yo, pequeña y llena de miedos. Justo al lado de mi cama había una puerta, una puerta que nunca se habría…era el cuarto oscuro… daba paso a un refugio… una cueva… Esta parte de la casa estaba incrustada entre las entrañas de la tierra, al cerrar los ojos siempre aparecían monstruos y fantasmas que salían de aquel agujero, me despertaba saltaba de mi cama y me acurrucaba en los brazos de mi madre.

La mañana lo cambiaba todo y los miedos se desvanecían, ya cuando nos levantábamos la estufa estaba funcionando y el calor llenaba aquella gran cocina, sentada en una de las viejas sillas mi madre trenzaba mi pelo, unas perfectas trenzas y el pelo bien estirado.
El desayuno era otra de las magias de aquella casa, un tazón de leche y su nata untada en el pan con mucho azúcar.

Había miles de sensaciones en aquella casa, en aquel espacio.

2007/02/04 | By: Amparo

los mejores años de mi vida






Los, mejores años de mi vida…

Avanzaba la década de los sesenta, empezaron mis primeros vuelos, las chicas éramos “yeyes” y el hombre pisó la luna por primera vez.

En España, en los pequeños pueblos de “esta España mía esta España nuestra” como canto cecilia se miraba de soslayo a aquellas que nos atrevíamos a romper las normas.

Los primeros tejanos, el tímido bikini, los guateques…

Empezaron los problemas generacionales, nadie me entendía, quería escapar, vivir mi vida, todo quedo en agua de borrajas, después de un tiempo lo olvide, como olvide cuando quería un vespino y mi madre puso el grito en el cielo.

Cualquier cosa me provocaba risa. La ciencia dice que la risa avala la salud, soy de las abuelas mas sanas del mundo…de momento y tocando madera

Los primeros roces, el primer beso, la primera ilusión y el primer desamor.

El primer amor, el que dejas pasar sin apenas rozarlo pero que dejó un dulce recuerdo, (los poemas de Fernando acercan aquellos días a mi recuerdo)
Bailaba el rock y me gustaban las melodías de Armando Manzanero, entre loca, romántica y soñadora descubrí el mundo de la desigualdad y la represión

Nací rebelde, no me cabe duda, aquí empezó mi andadura de protesta y disconformidad.

Llegaba la época de mi revolución



2007/02/03 | By: Amparo


Recuerdo…

La nieve…el calor ardiente de las manos después de haberte frotado con ella, mi vieja casa, de ella tengo algo escrito, lo pondré en un post aparte

La escuela… era buena haciendo redacciones, podía describir unas vacaciones en las colonias a las que nunca asistí, así viaje por primera vez a Asturias y asombré a la maestra.

Mi abuela… cuando se habla o escribe de las grandes mujeres que cambiaron o participaron de una manera positiva en la vida social o política de los mundos pienso en ella.

La primera vez que vi la muerte…una niña, allí estaba tendida sobre su cama vestida de ángel.

Mi padre…el ausente, una vez por semana acudíamos a la central de teléfonos y esperábamos sentados su conferencia. Mi madre se negaba a hablar con aquel artilugio y mis hermanos o yo hacíamos de interpretes entre lo que decía el y lo que nos decía ella, siempre las mismas palabras, siempre las mismas frases,- dile que no ha llegado el giro- dile que mañana le girare- -dile, que mañana te moleré- - besos para todos que se corta-

Mi primer amor…el amor de la inocencia, Esteban

Y algún otro recuerdo oculto en lo más recóndito de mi mente, pecados inconfesables.


¿Complejos? Hasta aquí aun no tenia complejos, llegaron mas tarde cuando aterricé en la civilización de la gran ciudad, allí donde la candidez y la inocencia se perdían a temprana edad. Aquí empezaron a desarrollarse, los enmascaré bastante bien, pocas veces he dejado que nadie vea mis debilidades y mis miedos.

Llegar aun lugar con 11 añitos y descubrir un mundo donde parece que te hablan en chino me resulto bastante duro. Durante un tiempo me encerré en mi misma y el camino de casa ala escuela y de la escuela a casa es lo único que conocí.

Estaba apunto de empezar la década de los 60, aquí empezó mi rebeldía y lo pagaron los “acentos”

Costó algo de tiempo, pero me integre, era la época de la emigración en este país, aquí llegamos andaluces, extremeños y manchegos en su mayoría y unos pocos aragoneses. Aprendí el valenciano y comenzó la adolescencia.

¿los mejores años de mi vida?