2007/01/28 | By: Amparo

Huelamo

Huélamo es un pequeño lugar en la serranía de Cuenca de la que guardo bellos recuerdos, allí habité durante un largo año. Los parajes aún vírgenes de un verde intenso, sus aguas, el frio, la nieve, sus leyendas y la bondad de sus gentes quedaron en mi memoria para siempre.

Lamento no tener imágenes de aquellas nieves que decían los más viejos del lugar que habían sido las máss intensas desde hacía varias décadas, pasamos varios días incomunicados sin apenas poder salir de casa.

La anécdota de aquel frio invierno la protagonizó mi hermano Antonio, se perdió en las montañas cuando viajaba en un camión por rutas forestales y le sorprendió la tormenta, salieron patrullas a buscarlo y lo encontraron tres días mas tarde tan tranquilo en un pueblecito cerca de Albarracín.

Con la llegada de la primavera un manantial de agua surcaba el pueblo, fruto del invierno crudo, mi recuerdo no alberga otras aguas como aquellas ni lugares que despierten tanto cariño, yo diría que fui un poco salvaje, felizmente salvaje.



Entre mis recuerdos esta historia …

La víspera de Todos los Santos, la llamada noche de Ánimas las jóvenes se reunían en la casa de alguna de ellas, hacían torrijas y a la luz de la lumbre mientras tomaban chocolate y comían las pastas se contaban secretos y se hacían confesiones que nunca saldrían de aquellas paredes.
Aquella noche la reunión se celebraba en la casa donde vivíamos, mi madre aún era joven y las mozas veían en ella una buena confidente.
Mientras esto ocurría los mozos jugaban a las cartas en el único bar que tenía el pueblo. Después y malévolamente tapaban las cerraduras de sus casas con masa de harina para que tuviesen dificultad de entrar y se asustasen, entonces ellos estarían allí para galantemente ayudarlas y conseguir algún beso robado.
Naturalmente todo esto tenía que suceder antes de las 12 de la noche, hora fatídica en la que todo el mundo ya estaba encerrado en sus casas por si volvía…
El hombre de la capa negra
Hace muchos años, vivía en este pueblo un buen mozo de nombre Juan Manuel Merchante. Pero también había otro, al que llamaban “Pinto”, el cual, envidioso de de Juan Manuel le propuso que demostrara su valor acercándose al cementerio el día de las ánimas al filo de la medianoche.
Como prueba de ello debía dejar unas piedras en la puerta, de modo que al día siguiente demostrara su presencia en aquél lúgubre lugar.No sabemos qué fuerza le llevó a aceptar tan extraña petición, pero el caso es que así lo hizo.
Una vez cumplido el cometido indicado y cuando ya regresaba hacia su casa se encontró con un desconocido, vestido todo de negro con larga capa y sombrero, que le preguntó por el camino de “La Serna” y si no tendría problema en acompañarle.
Valiente de por sí, y sin recelar nada, no tuvo inconveniente y comenzaron su andadura. Por angostas trochas llegaron hasta el “Alto de la Horca” en donde Juan Manuel se volvió, más que nada por comprobar si el forastero le seguía, y vio que de sus ojos salían destellos de fuego.
Al ver aquello se asustó lo suficiente como para inventar una estratagema y huir. Pretextando una urgente necesidad fisiológica se adentró entre los matojos, pero el anónimo acompañante le dijo que no se alejara en demasía, las campanas de la iglesia empezaban a dar la primera y que antes que oyera la última tendría que regresara a su compañía.
No esperó más Juan Manuel para salir corriendo hacia el pueblo. En esto oyó la cuarta. A la altura de “Los Dornajos” sonó la sexta.Ya junto a la Iglesia sonó la octaba y el siguió corriendo como alma que lleva el diablo (y nunca mejor dicho) hacia su casa.
Volvió la vista y vio en su carrera que el de la capa negra y ojos de fuego echando como chispas por todas partes corría casi sin que sus pies tocasen el suelo.
Justo le dio tiempo a Juan Manuel para llegar a su casa y cerrar precipitadamente la puerta en el momento que la última campanada repicaba en el campanario de la iglesia.
Un fuerte golpe en la puerta y las palabras del siniestro personaje de la capa negra que ya no le cabía duda que no era otro que el propio demonio decían…
”por una campanada te has librado, de tus pies te has valido pero tu alma será mía”
A los ruidos, despertó la madre del muchacho y, una vez enterada del mal trance, estuvieron rezando hasta el amanecer.
A la mañana siguiente pudieron ver que, en la puerta y en la parte superior había la huella de una mano grandísima marcada a fuego, que duró muchos años como testimonio de la persecución de que había sido objeto el valiente de Huélamo por el hombre de la capa negra.
Dicen, cuentan, que el valiente mozo enfermó y nunca más salió a la calle, falleciendo unos años más tarde.
Doy fe de que yo vi aquella puerta en la que se podía apreciar perfectamente la huella de una mano grabada a fuego sobre la madera.

10 comentarios:

María Manuela dijo...

¿El del carrito no será?????

Has conseguido que te imagine feliz allí en Huelamo, realmente los niños necesitábamos para ser felices una calle donde jugar, nieve y un río...

La leyenda del hombre de la capa negra...jjaja, creo que la mitad de las leyendas estas las inventó algún listo, en este caso el tipo para no reconocer que era un cobardica llegó con el cuento...o peor, el de la capa era un pobre caminante que no le dijo más que buenas noches tenga usté...

_gaviota_ dijo...

jajaja ¿que carrito? no le habras dado al anis de buena mañana,

¿no te parece demasiado pequeño?

el del carrito al que tu te refieres es mas viejo que yo...

Fernando dijo...

Todo cuento o relato guarda una verdad...descubrirla es lo complicado...historias para no dormir en noches de agreste otoño...bueno pero no te me encierres en lo viejo...quiero cosicas de ahora también...besos con anís del mono para las dos.

ybris dijo...

Es un gusto recorrer contigo esos sitios que no conocemos pero cuyo entorno admiramos.
La leyenda que citas me ha recordado la de Bécquer "El Monte de las Ánimas " que tanto me impresión de pequeño.

Besos.

_gaviota_ dijo...

Si ybris, el relato es muy similar, entre los primeros libros que empezaron a formar mi biblioteca esta Bécquer, leí posteriormente el Monte de Ánimas a conocer esta historia

Anónimo dijo...

Buenas, soy hija de padres huelameros, la verdad, no sé quien eres.
Estoy haciendo un trabajo de recopilación de cuentos de tradición oral y no encuntro nada de huelamo me puedes ayudar??
Gracias

_gaviota_ dijo...

Hola anónimo, es normal que no sepas quien soy, el tiempo que viví en este pequeño pueblo fue escaso y además hace tantos años que si no fuese por los buenos recuerdos que dejo en mi memoria no habría escrito este post, creo que el año era 1960, aunque es posible que mi memoria falle y sea uno arriba o abajo.
¿Ayudarte? no se como, si tus padres son hulameros seguro que conocen con sobras las costumbres y tradiciones del pueblo...yo te puedo decir que recuerdo la matanza, sacar las mulas a la dula, lavar la ropa en los fríos arroyos, recuerdo a mis amigas y a algún chaval que estiba mis tranzas, también recuerdo cuando los mozos cantaban los mayos.
Mi nombre es Amparo y el motivo por el que estuve allí fue culpa de mi padre que se encontraba trabajando en la construcción de alguna carretera de aquella zona.
Espero haberte aclarado algo.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola! Si quieres ver las nieves más recientes de Huelamo, puedes verlas en www.huelamo.com

Saludos!!

Julian

Anónimo dijo...

La leyenda del hombre de la capa forma parte de mis recuerdos de niña en un pueblo vecino,era el relato favorito la noche de los Santos y al leerlo por un momento me ha trasladado a aquella época tan lejana y tan cercana al mismo tiempo en el recuerdo.Saludos a Huélamo desde Almeria.

Alma dijo...

Yo tambien "he sufrido" pero con gusto,la lyenda del hombre de la capa,sobre todo contada em la noche de Todos Los Santos y el miedo que llegabamos a pasar era infinito.vivia en un pueblo al lado de Huélamo por aquellos años y aún hoy,cuando vuelvo por esas fechas me recorre un escalofrío mitad de gusto,por recordar lo vivido,mitad de miedo por lo de "por si acaso"... Pero la verdad aquellos años no los cambiaba hoy por nada y me alegra comprobar que a pesar del tiempo y la distancia tambien hay gente que no olvida sus expariencias por éstas benditas tierras.Un saludo