He dormido mal, como casi siempre, el reloj marcaba las dos cuando mis ojos se han abierto y los esfuerzos por conciliarme con el sueño han sido inútil, el muy traidor se ha negado a concederme el placer de soñar.

Agustín había sido profesor de matemáticas, su letra era aceptablemente buena y las palabras permanecían todas en un perfecto orden con sus acentos, sus comas y sus puntos, todo en armonia, pero lo que mas, lo mejor era el contenido, el afecto que trasmitían.
Le conteste nada mas leerla, eso si, con un poco de temor y poniendo todo mi interés para que mi letra le pareciese aceptable, le advertí de mis fallos y le pedí que ne me los tuviese en cuenta.
Nos escribimos un tiempo, un día desapareció y tarde mas de un año en volver a reencontrarlo. desde entonces y hasta ahora continua nuestro amistad, de vez en cuando uno o una desaparece y al tiempo siente la necesidad de saber como se encontrara el otro o la otra y emergemos.
Ya ha amanecido, salgo a dar mi paseo matutino.
1 comentarios:
Efectivamente el silencio y la oscuridad nocturnos hacen posible y profundo el pensamiento. Tu entrada de hoy lo prueba. Yo hace ya mucho que me aprovecho de ello.
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