2016/08/19 | By: Amparo




Día 2.

He dormido mal, como casi siempre, el  reloj marcaba las dos cuando mis ojos se han abierto y  los esfuerzos por conciliarme con el sueño han sido inútil, el muy traidor se ha negado a concederme el placer de soñar.

El silencio y la oscuridad son buenos aliados del pensamiento, hoy he pensado, he querido pensar en ese viejo amigo que ayer comente me hablaba de sus "leseras", Agustín se llama, lo conocí a través de una pagina MSN en la que se trataban diferentes temas, uno de ellos la política, nuestra amistad comenzó con comentarios sobre diferentes temas de su país y el mio, poco después pasamos al chat y las horas volaban entre amenas conversaciones, un día comentamos que se había perdido por culpa de Internet la costumbre de escribir cartas en papel y mantener esa correspondencia que a veces y depende de donde llegaba tarde  e incluso se perdía,  decidimos escribirnos, fue emocionante la espera,  cada día abría el buzón para comprobar si estaba la tan esperada carta.

Agustín había sido profesor de matemáticas, su letra era aceptablemente  buena y las palabras permanecían  todas en un perfecto orden con sus acentos, sus comas y sus puntos, todo en  armonia, pero lo que mas, lo mejor era el contenido, el afecto que trasmitían.

Le conteste nada mas leerla, eso si, con un poco de temor y poniendo todo mi interés para que mi letra le pareciese aceptable, le advertí de mis fallos y le pedí que ne me los tuviese en cuenta.

Nos escribimos un tiempo, un día desapareció y tarde mas de un año en volver a reencontrarlo. desde entonces y hasta ahora continua nuestro amistad,  de vez en cuando uno o una desaparece y al tiempo siente la necesidad de saber como se encontrara el otro o la otra y emergemos.

Ya ha amanecido, salgo a dar mi paseo matutino.

1 comentarios:

ybris dijo...

Efectivamente el silencio y la oscuridad nocturnos hacen posible y profundo el pensamiento. Tu entrada de hoy lo prueba. Yo hace ya mucho que me aprovecho de ello.