Miguelo me pide que escriba sobre los juegos de mi niñez en el post que se titula, sencillez, hoy es mi primer día de vacaciones y aprovecho para cumplir con su petición.
Somos tres hermanos, Antonio tiene siete años más que yo y Valentín dos. Antonio siempre fue el cabecilla de la banda de crios que vivíamos en las afueras de Teruel, hacia espadas y pistolas de madera, barcos con los juncos del río y le gustaba pintar, el mismo se preparo un trípode y una paleta para mezclar las pinturas, decía mi madre que tenia madera de artista, es por eso que cuando pudo y pidiendo algún favor lo llevo a la escuela de Artes y Oficios. Valentín y el resto de chavales del barrio lo seguían como fieles escuderos.
También solían jugar los chicos a las chapas, al trompo (peonza) o a “churro va”, se jugaba esto ultimo en dos equipos, uno ponía la espalda sobre una pared, el siguiente colocaba la cabeza en su barriga y se abría de piernas para que un tercero colocara la cabeza entre ellas, podía haber un cuarto pero ya era mas dificultoso el juego, a la voz de “churro va” se saltaba los mas cerca posible del que estaba en la pared para dejar espacio a los siguientes, cuando todos estaban encima y haciendo señal en el brazo se cantaba…churro, media manga, manga entera …¿di lo que es? el capitán o portavoz tenia que adivinar la posición de en la que se encontraba la mano del contrincante, la mayoría de veces no aguantaban el peso y rodaban todos por el suelo.
Estos eran los juegos que a mi me gustaban, yo quería ser una mas en sus tropelías, participar de las batallas, demostrar lo valiente que era, pero claro, yo era una chica y mis juegos no podían ser esos, aun así conservo alguna cicatriz y una vez, una de las lanzas (cañas) empleadas en la batalla rozo mi ojo

No estuvo mi niñez llena de muñecas a pesar de ser la época dorada de las “Mariquitas Pérez” o “Las Giselas” tuve que conformarme con mirarlas en el escaparate de Casa Ferran y con vestir algunas de trapo o de cartón que a veces terminaban destripadas por ver lo que tenían dentro

La taba era uno de los juegos estrella entre las chicas. No todos los días se podía comprar cordero en casa para sacar el hueso que estaba en las articulaciones de la pierna del animal, así que quien tenia la colección completa tenia un tesoro, las pulíamos restregándolas sobre el cemento de las aceras para quitarles cualquier resto de carne, las dejábamos secar bien y las pintábamos de colores, doce se necesitaban, se agitaban entre las manos y se soltaban al suelo, se lanzaba un piton, (canica) al aire y se tenían que recoger todas en la misma posición, si no habían caído se tenían que volver con la palma de la mano, la bola no podía caer al suelo, se tenia que tener pericia y destreza, la perdida del juego suponía perder el pitón, (la partida).

Saltar a la cuerda era mas difícil que manejar la play, sobre todo cuando la cuerda se tomaba corta, se hacia girar con todas las fuerzas y saltabas a un solo pie, (creo que ahora me vendría bien practicarla, por lo de los kilos, jeje)

La teja. Consistía este juego en rayar con un clarión (tiza), cuadros en suelo numerados, primero de uno y de cuando en cuando dobles, saltabas de uno a otro a la “pata coja” y abriendo las piernas al llegar a los dobles, todo esto pegándole a la teja para que pasase de un cuadro a otro, no podía salir fuera ni quedar entre las rayas ya que perdías la partida.
En las noches de verano llegabas a casa y decías….- madre ponme la cena entre el pan que me voy a jugar un rato-, mientras nuestros padres se sentaban un rato a la fresca a descansar, solíamos jugar al escondite, a pillar o los más mayores nos contaban historias de miedo para asustarnos
A dos pasos de mi casa había eras donde se trillaba el trigo, era divertido pedirle al hombre que te montase en el trillo y te diese unas vueltas, revolcarse por la paja a pesar de lo que picaba y de las regañinas que recibías al llegar a casa eran parte de los juegos del verano.

El invierno era distinto, hacia mucho frió, sentados alrededor de la estufa montábamos recortables de muñecas y pasábamos ratos de tranquilidad leyendo tebeos que solíamos cambiar miles de veces en el quiosco por unas escasas perras.
Como ves querido Miguelo eran juegos sencillos y la calle era el lugar de encuentro, además da la coincidencia de que este año en las fiestas patronales de Paiporta que son ahora en Agosto y por una petición de
Isabel se han incluido unas jornadas por la recuperación de juegos tradicionales.
He buscado las imágenes en Internet con el fin de que se entiendan mejor mis explicaciones