2013/06/27 | By: Amparo


27 de junio de 2013.

Hace seis días que me jubilé y ya va siendo hora que dé comienzo a lo que siempre he deseado más que nada, escribir aquellas pequeñas cosas que están almacenadas en mi cabeza y que quizás si tardo más tiempo en dejarlas plasmadas sobre el papel se borren de mi memoria.

Esta mañana mientras caminaba, costumbre que he tomado pues me gusta madrugar y ver los amaneceres, pensaba en mi infancia, en cómo era o cómo me veo en la distancia del tiempo.

De los primeros años las referencias son más recodadas por lo que te ha contado la familia que por los propios recuerdos. Luego se tienen pinceladas de pequeñas cosas que se quedan grabadas en la memoria lo que viene a suponer que aunque parezca que son insignificantes tuvieron trascendencia.

Me preguntaba mientras caminaba cuando empecé a sentir inquietudes sociales,  cuando se despertó en mí ese sentimiento por las cosas que están mal y  empecé a ser rebelde.

Siempre he sido despierta, pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos para la mayoría los captaba y mi mente los analizaba haciéndome preguntas sobre por qué eran así y no de otra manera, si aquello me parecía que estaba mal ¿cómo es que nadie más lo veía?, mi madre solía decirme que era muy cabezona




Al hilo de estos pensamientos he recordado a una amiga de mi madre,  tenía una hija algo más pequeña que yo y mientras ellas hablaban jugaba con ella, calculando el tiempo en que abandonamos nuestra tierra tendría alrededor de cinco o seis años. La niña y yo jugábamos con la tierra de la explanada que había en la puerta de nuestra casa, ellas estaban sentadas en el banco de piedra y hablaban bajito, en una de las miradas que les dirigí vi que la amiga de mi madre lloraba y que esta le tenía cogidas las manos y le hablaba como enfadada.

Aquel día no comprendí lo que pasaba, pero si despertó mi interés y en las siguientes visitas a su casa o en la mía no perdí detalle para averiguar por qué siempre lloraba cuando hablaba con mi madre y un día no solo vi sus lagrimas, también descubrí los golpes que tenía en su cuerpo.

Él, el bestia que le pegaba trabajaba de sereno, y cuando llegaba a casa de madrugada si ella aún estaba durmiendo la sacaba a golpes de la cama.

1 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

me ha maravillado tu blog